El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en
la tumba de Carlos Giménez, de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos
llamando quienes tuvimos su amistad y el privilegio de verlo trabajando una
obra de teatro, oficio que realizaba con la misma pasión que pusieron en boga
los hombres y las mujeres que amaron el teatro y lo convirtieron en una
magistral expresión del alma.
SONETO 6 DE SHAKESPEARE
No dejes que la cruda mano invernal estrague
ese verano tuyo sin que antes se destile:
conserva tu esencia en un precioso envase,
antes de que el tesoro más bello se aniquile.
No es vedada usura usar así la vida,
y alegra a quien paga la renta de buen grado;
hacer de ti una copia lo mismo supondría,
y si son diez por una, diez veces contentado.
Y más feliz diez veces aún te sentirías
si en otros diez iguales diez veces te copiases:
¿Entonces, al marcharte, la muerte qué haría
si a ti como heredero viviente te dejases?
No seas obstinado, que toda tu excelencia
ni Muerte ni gusanos obtengan por herencia
LA CONDICIÓN HUMANA
La condición humana, la sinceridad plena respecto a la
condición humana. Lo que la gente no había advertido en su diario vivir. Eso le
interesaba sobremanera a Carlos Giménez y lo expresaba en el teatro que
organizaba y creaba sobre el escenario.
Él era un panorama humano, un destello de vida que no se
apagaba. Y el fenómeno creador que lo acompañó desde siempre no resultaba fácil
de descubrir pero cuando se avizoraba su fortaleza para dirigir, su magia para
conmover era imposible dejar de admirar y querer lo que hacía.
El mundo podría estar encerrado en un frasco y Carlos lo
miraría desde afuera y Carlos lo recorrería desde adentro y todo el cristal que
el frasco usaba como envoltorio desaparecería cuando Carlos invocara la visión
teatral.
Ese es uno de los puntos esenciales de lo que él sabía
realizar: invocar la visión teatral y conseguir que la más alta expresión
humana funcionara en un escenario y trascendiera hacia todos los senderos del
alma.
Creo que Viviana Marcela Iriart fue una de sus amigas más
observadoras, una de las más acuciosas y apasionadas a la hora de valorar lo
que él lograba en la escena. Ella pudo mirar más profundamente en él, ella lo
analizó como quien estudia las emanaciones del lenguaje que jamás deja de
brillar.
Viviana Marcela ha logrado establecer una memoria sólida,
irreductible, con su escritura y su noble deseo de que el olvido nunca toque la
obra de Carlos Giménez. Ella es la muestra más clara y justa de lo que en
última instancia anhela un creador en el arte: que alguien sea intensamente
impresionado por la obra y haga posible que su recuerdo no desaparezca.
Porque en el teatro los escenarios se vacían y se vuelve a
llenar con piezas, actores, escenografías, directores y dramaturgos, pero
siempre hacen eso: se vacían y el público también va, viene y cambia: a veces
para retroceder porque cada público debe comenzar de cero, desde el principio.
Viviana Marcela Iriart consigue que los nuevos públicos se
empapen con las virtudes y la peculiaridad de Carlos Giménez, un hombre de
teatro que se entregó tanto a esa pasión como cualquiera de los grandes
teatreros que existieron transformaron en gran voz universal el lenguaje de las
tablas.
No solo fulguraba en el oficio de hacer teatro, sino
también en la propuesta existencial de amar el teatro. Hablando de pronto sobre
el ángulo de una obra, Carlos Giménez podía extraer de sus sensaciones y
conocimientos frases enriquecedoras que clarificaban cualquier niebla, que
desenredaban cualquier madeja. Sus palabras salidas del hondo conocimiento de
la escena, hacían más visible el alma de cualquier dramaturgo, de cualquier
creador. Convertía en seres cotidianos a Shakespeare, Ibsen, Chejov, Ionesco, a
cualquiera.
La biografía que ha realizado Marcela Viviana Iriart es una
puerta amplia por donde es posible entrar al mundo de Carlos Giménez y amar más
el teatro junto con él. Inclusive, hasta quienes no lo conocieron sabrán en
algún momento que Carlos Giménez forma parte sustancial del teatro porque
siempre se escucharán sus pasos en la escena.
Diseño de portada del libro: Jairo Carthy
Próximamente publicado por Ediciones Choroní
