Etiquetas

CARLOS GIMÈNEZ POR YOYIANA AHUMADA: "La Orgía" y "Divinas palabras", fragmento del libro "Visionarios, Alucinados e Irreverentes: la idea escénica en Venezuela en los años 70", Ed. La Iguana Bohemia (Ecuador) y Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano (Venezuela), año 2000





 

 

 

 

9.1. La Orgía: la alianza entre una vieja y unos miserables en la metáfora para describir el poder como horror.

 

Obra,- dirá Giménez-, que marca el tránsito del teatro ¨ bucólico e idílico ¨ al concepto que hemos venido explorando.

 

La estética de la violencia en la cara del poder, y ánimo de la época, pero también de la historia del continente. La sensibilidad del mayo francés atada al autoritarismo en América Latina y a su recorrido. El teatro para denunciar un   ¨malestar de la cultura ¨.

 

La Orgía de Buenaventura, forma parte de los Papeles del Infierno (una agrupación de obras cortas de Enrique Buenaventura), aseguró en Giménez, la posibilidad de codificar su experiencia de un mundo fascinante en el subtexto de esta pieza, para sus propósitos de los efectos políticos y poéticos. Pero estas ideas fueron ampliadas en forma de nuevos personajes que aumentaron la extensión, fuerza y proyección de la obra.

 

Una vieja prostituta y mendiga, una reunión con treinta ¨ colegas ¨. La orgía, fiesta del recuerdo. Personajes transformados de la vida ciudadana: un Gobernador, un Obispo, un Coronel. Giménez, les sumó el mundo que rodea a estos protagonistas “destacando las fuerzas que inciden en su miseria, angustia y en definitiva en su disgregación – separación como ser”.

 

La puesta de Giménez resolvió el espectáculo teatralmente en una física arquitectónica[1] de dos niveles paralelos.

 

Uno en el que convivían seres de carne y hueso: la vieja masculina y miserable (sexualidad indiferenciada ¿masculino-femenina?). Los miserables. Representación de un sentimiento: la democracia en ciernes: la patria, la madre, el hogar, el barrio. Seres posesivos, chantajistas, tramposos y mentirosos. Juego esperpéntico para provocar una relación con el público, develar ante los ojos atónitos de los espectadores, provocarlos, agredirlos.

 

Esperpento para hablar de un desencanto y un asco: el horror descubierto en la adolescencia: Argentina, oscurecida por la presencia militar. Desanimado tras el fracaso del Cordobazo. La orgía ocupando el espacio de la utopía. Los personajes, no tipos psicológicos, sino valores para decir lo que se es: los otros valores. 

Quizás, una náusea existencialista.

Según nivel, presentación del aparato profesional de la represión. Una dictadura, ¨ higiénica ¨: ciudades impolutas, rituales ordenados y asépticos con sus desfiles, paradas.

Dos niveles que se desarrollan, en paralelo, y concluyen: rito del horror sadomasoquista. Y esperar del espectador la repulsión.

 

El tratamiento formal de la pieza fue propuesto por Carlos Giménez como una búsqueda del esperpento americano.[2]

 

Los personajes: dos clases: los que ordenan el planteo escénico y lo dirigen, camareros, especie de ejército, milicia, preparados para sostener el orden, y los que deben soportar la rigidez estructural de la que intentan salvarse en formas permanente.

 

De acuerdo a las reseñas de la época, La Orgía, teatralmente, estaba orientada hacia una actitud esclarecedora, rompiendo con el esquema de engaño convencional. No es un ilusionismo escénico, sino develamiento de la situación dramática. La escena, pues, dividida en dos sectores: la representación dramática de la acción. Otro, contemplación crítica (el mecanismo brechtiano). La primera: la casa de la mendiga. La segunda, una inmensa cocina a la cual acuden en forma continua los mendigos.

Giménez en la modificación del texto de Buenaventura, para que le ¨ sonara ¨ más cercano al público, incorporó al texto original el uso de expresiones verbales y físicas: una escatología reiterativa. Obscenidad y obscenidad. Peste artaudiana. Y localismos, para permitir asociarla a la situación venezolana. Para inventar una taxidermia, o zoología del poder.

 Caricatura y revelación de las maquinarias de santa alianza del poder: cardenales, generales, burócratas.

 

Completando el circuito de los efectos esperados, los actores terminaban desplegando agresiones al público, incorporándolos al juego. ¿Qué se esperaba?: respuesta inmediata, terror artaudiano. Producción del efecto crítico y no reflexión. Tremendismo alevoso. Victoria. Los recursos hicieron que este espectáculo generara una gran polémica, suceso de época. Happenig protestario lo llamarían los autores del texto citado. [3]

 

Obra, pues, de ruptura con la tradición de un teatro pasivo, centrado en la separación entre escenario y platea, a través de muchas alianzas con autores y recursos en la construcción de un ideario esperpéntico americano.

 

También: influencia que viene de estética pobrista junto al terror Artaudiano. Provocación de los sentidos para el rechazo. Utilizar una profusión de materiales, un pudor frente a la ostentación. Traducción de la belleza plástica en lo otro: elementos muy simples, prescindencia del uso de la mecánica teatral; espíritu estético de la época, Grotowski.[4]

 

9.2. Divinas Palabras: el reto de un Clásico. El esperpento se instala

 

La estética esperpéntica había comenzado a perfilarse en La Orgía. Divinas Palabras (Valle Inclán) plantea a Rajatabla el enfrentamiento con el primer texto de envergadura en esta línea.

Pieza sobre el poder hermético del latín como lengua litúrgica de la iglesia, y por lo tanto para inspirar terror-resignación en la mentalidad supersticiosa de los de abajo. La fuerza sublime de la liturgia del latín puede aplacar la cólera y el ansia de venganza de un pueblo que vive la doblez moral de un funcionario de la iglesia y su mujer adúltera. Representante de Dios en la tierra y al mismo tiempo ejercicio del pecado capital de la lujuria. Divinas Palabras.

 

Será Divinas Palabras la primera obra que comprometa al grupo en pleno: trabajaron todos los integrantes del grupo Rajatabla. Su primer gran reto al asumir un teatro de texto clásico, Giménez experimentará sobre dos elementos que se convertirán en constantes a partir de ahora. La búsqueda del espacio como elemento transformado y general de imágenes teatrales y la síntesis ya no en el sentido grotowskiano, sino a la manera de la simbología de un elemento unificador.

 

La cruz de Valle Inclán moviéndose, arrastrando el peso de la ignorancia de un pueblo. Otro elemento de síntesis: originalmente 60 actores, resuelto por Giménez con sus 13 actores. Dobles papeles y todos interviniendo las escenas de masa.

 

En Términos formales la dirección de Giménez se apoyó en lo grotesco y lo esperpéntico. De las interpretaciones y del dispositivo escénico. La concepción se apoyaba no sólo en la teoría Valleinclanesca, también en un uso no tradicional del espacio.

 

Seis años después de La Orgía, la necesidad de retos mayores y el esperpento como posibilidad de violentar, de agredir y de denunciar el poder como estética de la corrupción[5], que inundaba el país de ampliar la zoología del poder y aumentar los recursos de una estética de la violencia. Dirá Giménez: ¨ Estéticamente le envuelve una gran preocupación por el dispositivo escénico en función de la exploración de otras formas de utilización del espacio: la capacidad de sintetizar sobre una cruz movible el mundo de Valle Inclán, era una cosa que a mí en aquel momento me deslumbraba.¨[6]

 

Los quince decorados diferentes que planeaba la obra original, fueron resueltos con dos plataformas móviles: ¨ ver que existe una posibilidad del espacio no sólo horizontal sino vertical, que era movible y en el escenario podía yo desplazarlo levantando una plataforma con 25 personas haciendo una cruz.[7]

 

Giménez explica: en la medida en que movía el escenario, la luz incidía de una manera diferente y transformada el espacio.

 

Sobre la actuación: una doble dificultad, dirigir al actor hacia la búsqueda de la verdad de la verdad en sus emociones y la necesidad de romper su equilibrio interior (personalidad). El objetivo: asimilar la pobreza, la miseria, la falta de higiene.

 

Rajatabla reproduciría esa inmensa ¨ corte de los milagros ¨ visión del rumbo de Valle Inclán. Los ricos, los que detentan el poder están también corroídos por la mugre. Más todos, en una misma peregrinación, andarán en busca de Dios para salvarse. Todos haciendo ¨ corte de milagros ¨

 

La escenografía y el vestuario de Eduardo Mancera, junto a Giménez darán un concepto complejo y completo a este montaje, calificado admirable: desde las actuaciones hasta el dispositivo escénico que reprodujo un monasterio lúgubre y sombrío. Divinas Palabras trascendió una vez más la palabra y aunque el texto de Valle Inclán estuvo presente el protagonista fue lo teatral, y lo literario, el suceso de la acción por encima del verso y la musicalidad de la palabra.

 

Divinas Palabras. Un estilo Gimeniano, mezcla heterodoxa de casi todo lo disponible en el teatro contemporáneo para armar un ideario ¨ esperpéntico ¨, ¨ fusión ¨ entre historia personal, oficio profesional y ciudadanía. Su estética será la espectacularidad y su visión ideológica el esperpento (con el esperpento descubro de posibilidad de violentar, agredir y denunciar). La Orgía, contra las instituciones fundamentales de la sociedad: la familia, la iglesia, el Estado. En Divinas Palabras, el blanco: los señores del capital y de la propiedad, el burgués y el oligarca y detrás de todo, los príncipes de la iglesia.

 

Pero como hemos dicho ya no las coordenadas del teatro político, al que ni por época ni por historia se pertenece. La estética de la violencia servirá no para proponer la construcción de un nuevo orden sino para arremeter contra toda ética del poder. La violencia en la clase de una estética de la destrucción, tal vez un nihilismo revolucionario. Más que una ciudad del futuro, la crónica de la asquerosidad de la voluntad del poder, de cualquier poder, sea cual sea, venga de donde venga.

 

 



[1] Hablar de Teatro Pobre creado por Jerzy Grotowski, es mencionar la vuelta al ritual de la representación teatral; es regresar a esa fiesta sagrada que fue en un principio porque este creador buscaba con sus obras ocupar dentro de la comunidad el lugar dejado por la iglesia. Esta sacralización del teatro no fue gratuita o producto de un afán novedoso por parte del director placo sino su visión, plasmada en una creación artística acerca de la realidad contemporánea. Esta a su vez es el resultado de un pasado que lo marcó profundamente, la historia de Polonia, cuyos recuerdos aparecen en toda la obra grotowskiana.

[2] ¨ no son los personajes los que buscan la luz, es la luz, es la que la busca los personajes. Si hay una referencia…la luz busca al personaje que las simboliza... la luz no es un elemento de iluminación sino que sirve para subrayar lo que me interesa enfatizar ¨. Carlos Giménez (El Nacional, edición del 4 de noviembre de 1989).

[3] Yoyi Ana Ahumada, Carlos Giménez, Entrevista personal No. 4. 1989.

[4] Ibidem

[5] ¨ no son personajes los que buscan la luz, es la luz, es la que la busca los personajes. Si hay una referencia…la luz busca al personaje que las simboliza...la luz no es un elemento de iluminación sino que sirve para subrayar lo que me interesa enfatizar ¨. Carlos Gímenez (El Nacional, edición del 4 de noviembre de 1989).

[6] Yoyi Ana Ahumada, Carlos Gímenez, Entrevista personal No. 4. 1989.

[7] Ibidem.


Fragmento

© Yoyiana Ahumada

"Visionarios, Alucinados e Irreverentes: la idea escénica en Venezuela en los años 70"

Ed. La Iguana Bohemia (Ecuador) y  Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano (Venezuela), año 2000


Nota del blog: Los links son un agregado nuestro.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...