"La gaviota" revoloteó en un escenario lleno de frío / crítica de Carlos Pérez Ariza, El Diario de Caracas, mayo 1983



Fuente: Ana Lía Cassina, archivo de Carmen Gallardo.

“LA GAVIOTA” REVOLOTEÓ EN UN ESCENARIO LLENO DE FRÍO

 

 CARLOS PÉREZ-ARIZA

 

El actor Alexander Milic hará el papel de Benshimol

 

Con un montaje hiperrealista, Carlos Giménez rindió homenaje al dramaturgo ruso Anton Chejov, manteniendo el realismo de la pieza hasta en sus más mínimos detalles. La función inaugural del nuevo teatro del Ateneo, a sala llena, estuvo signada por la tensión evidente del elenco debido a las trágicas circunstancias en que tuvieron que estrenar, por el repentino fallecimiento del primer actor Enrique Benshimol.

Anton Chejov habría asistido complacido a la función de su pieza La gaviota, la pasada noche del miércoles 6 de abril en la inauguración oficial de la sala “Anna Julia Rojas"” ubicada en la nueva sede del Ateneo de Caracas. La perfección al detalle de la puesta en escena habría complacido al dramaturgo ruso.

Con el efecto de la neblina inundando la sala y el vestíbulo del teatro. que dio la sensación a los espectadores de estar saliendo

de una casa campestre en pleno invierno ruso.

Carlos Giménez se salió de sus montajes atrevidos y dejó a un lado su vanguardismo escénico para plegarse a la preceptiva teatral más exigente. Tomo los cuatro actos con dos intermedios y

tres horas y media de duración de la pieza de Chejov, y la montó

como si estuviera en la helada Rusia blanca y no frente al caliente mar Caribe. Además en la noche del estreno hizo el papel que interpretaba Enrique Benshimol, leyendo el texto y vestido normalmente, salvando así dignamente el espectáculo y complaciendo las peticiones de familiares, elenco y el Ateneo de no dejar de levantar el telón, tal como habría querido el desaparecido actor.

Precisamente el hecho de ver en escena a Giménez vestido contemporáneamente y no con los pesados abrigos, cálidos sombreros masculinos y frondosos vestidos femeninos de los otros personajes, se puede preguntar, ¿qué hubiera pasado si el drama chejoviano hubiese sido montado adaptándolo a la época actual?  Lo primero, seguramente, es que el costo de la producción habría s ido considerablemente inferior. Extraoficialmente se conoció que esta obra costó 800 mil bolívares, sin duda que el vestuario se llevó un buen porcentaje. Lo cual no desmerita el excelente trabajo de Martín López, el diseñador y los realizadores. La reconstrucción de época es perfecta, no solamente por el vestuario sino por la escenografía con dos cambios en total diseñada por Silviainés Vallejo y realización de Enrique Tovar.

Giménez aborda el universo chejoviano sin concederse ni una sola desviación. La gaviota es una obra magníficamente estructurada, donde los personajes dan vida no sólo a las posiciones encontradas en cuanto a la significación del arte y específicamente a la literatura, el teatro; sino que no olvidan sus propias pasiones, que no tienen temor de presentarse al mismo nivel dramático de la discusión central, que finalmente se imponen, porque son ellas las que guían la vida de los hombres y las mujeres que son capaces de amar.

          Giménez no recrea nada. Su propuesta es enseñar el teatro de un genio de la dramaturgia. Su pretensión es esa y lo consigue. Sin embargo, la función vista el pasado miércoles se sintió pesada, con un ritmo lento que hizo que el tiempo transcurriera de 9:00 de la noche a una de la madrugada, como si se estuviera recorriendo una estepa nevada. Pero así era el tiempo ruso a fines del pasado siglo y Chejov no tenía por qué apresurarse. El realismo ruso tiene en este montaje un tributo clarísimo.

Los papeles protagónicos tienen desniveles producidos por el riesgo que siempre supone armar un elenco con veteranos talentosos al lado de nuevas figuras con menos experiencia, aunque no con tanto talento.

La interpretación de Alma Ingianni demuestra una vez más su profesionalismo, calidad y alma que llena el escenario. Su papel de la temperamental actriz Arkadina está siempre a la altura de las exigencias dramáticas de la pieza. Roberto Moll siempre excelente, realiza el papel de Kostia, el joven escritor que irrumpe contra lo establecido.  Los veteranos Hugo Pimentel, Francisco Ferrari y Dilia Waikarán, marcando el ritmo al elenco con la soltura que da el ser actores de primera línea. Gustavo Rodríguez salva a ratos al escritor Trigorin. Amado Zambrano, convincente como el maestro Medvedenko. Mabel San Martín, floja en términos generales y la debutante Amanda Gutiérrez bien, aunque podría darse más.

Finalmente La gaviota voló una vez más a pesar de todas las dificultades, pero fue un vuelo frío sobre un lago helado de la lejana Rusia.

 

©Carlos Pérez-Ariza

El Diario de Caracas, mayo de 1983